Durante los próximos 10 años, en la Argentina también se podría producir un terremoto tan destructivo como el que sacudió a Chile y se llevó la vida de cientos de personas. Así lo advierten los investigadores argentinos que estudian la actividad sísmica en las universidades públicas, el Conicet -que es el mayor organismo científico del país-, y en el Instituto Nacional de Prevención Sísmica (INPRES).
Si bien no pueden pronosticar exactamente cuándo ocurrirá el gran terremoto, los investigadores aseguran que el país no se encuentra preparado para enfrentar el desastre. Porque no hay una cantidad suficiente de dispositivos para medir los movimientos del suelo, ni se controla si se cumplen efectivamente las normas para construir edificios sismorresistentes en el centro y oeste de la Argentina, desde Jujuy hasta Tierra del Fuego, las regiones de mayor peligrosidad.
"Podría ocurrir un sismo destructivo en la Argentina, pero no se puede predecir la fecha y el lugar, como tampoco se consigue en otros países del mundo", reconoció a Clarín Alejandro Giuliano, director del INPRES.
"Durante el último siglo ocurrieron tres sismos grandes en el país, con magnitud mayor a 7 grados en la escala Mercalli. Estos antecedentes permiten afirmar que hay zonas donde se volverían a sufrir sismos destructivos dentro los próximos 10 años", destacó Patricia Alvarado, investigadora del Conicet y doctora en geociencia de la Universidad Nacional de San Juan.
Las mediciones con los sismógrafos durante los últimos 40 años y las excavaciones para detectar desplazamientos por terremotos del pasado también sirven para fundamentar la advertencia. El probable terremoto tendría un origen distinto al que se dio en Chile, causado por una placa subterránea que se mete por debajo de la otra.
En el caso del territorio argentino, los sismos pueden producirse por fallas dentro de la misma placa, como fue el terremoto de San Juan en 1944, que causó 10.000 muertos y miles de heridos y destruyó al 80% de la construcciones. Otra modalidad son los sismos por las fricciones entre placas que se desplazan de manera paralela, como ocurrió en Tierra del Fuego en 1949 con 7,8 grados.
El terremoto de Haití, que se produjo el 12 de enero, tuvo el mismo origen, con una profundidad de 10 kilómetros y una magnitud 7 grados. "Los sismos en la Argentina no alcanzan la magnitud de los chilenos, pero se dan a una menor profundidad. Es decir, están más cerca de las ciudades", aclaró Alvarado.
Esto preocupa mucho a los científicos. "Si ocurriera un nuevo sismo en Tierra del Fuego, el impacto provocaría miles de muertos y la provincia se volvería inviable como Haití", comparó Jorge Rabassa, geólogo e investigador del Conicet.
Y el problema se extiende a gran parte del país. "Los instrumentos de medición son insuficientes. No superan los 60 y deberían triplicarse", según Carlos Costa, geólogo de la Universidad Nacional de San Luis. Son pocos los profesionales formados para analizar los datos y se necesitan más estudios. Recién ahora, el Ministerio de Ciencia y varias universidades invertirán más de 2,5 millones de pesos para realizar 14 proyectos sobre riesgo sísmico.
"Las normas para las construcciones están vigentes desde hace décadas, pero no todos los gobiernos provinciales controlan su cumplimiento", opinó José Luis Bustos, de la Universidad Nacional de San Juan.
Tampoco la población recibe capacitación continua sobre cómo actuar frente a un sismo, ni hay muchos especialistas en emergencias y salud mental: "La gente se vuelve loca si no recibe ayuda rápida. Los mecanismos para atender el después del desastre deberían estar mejor aceitados", según la historiadora del Conicet, Margarita Gascón.
Es decir, está pendiente la preparación de la Argentina frente a un terremoto. "La naturaleza no provoca los desastres -sostiene Alvarado-. Son las mujeres y los hombres que no se preparan".
Fuente: Clarín